Desde los comienzos de la humanidad, no ha existido grupo establecido como unidad cultural que no haya incursionado en la producción de música, desde la más elemental a la más elaborada. Asimismo, la danza es la expresión a través del movimiento, de lo cada uno siente con su música.
Hay efectivamente una apropiación de la música y la danza surge allí, como la respuesta de lo que cada cual encuentra al ser tomado por ella. Desde esa perspectiva, la música y la danza se articulan y relacionan continuamente.
A través de los tiempos, los griegos expresaron la alegría y la pena, principalmente con su música. La pasión y la tragedia son expresados por medio de la voz en sus canciones y de los movimientos de sus danzas.
Debido a las reiteradas ocupaciones territoriales sufridas en toda su historia, tanto la música épica como la de lamento por los muertos, tienen una presencia privilegiada en el folclore griego.
Algunos autores afirman que ya por el año 3000 a JC., los griegos hacían música. Esto fue descubierto a partir de hallazgos arqueológicos donde se hallaban figuras humanas ejecutando diversos instrumentos.
Hacia el s VI a.JC., comenzó a desarrollarse un sistema de notación musical utilizando símbolos del alfabeto arcaico jonio, con el cual podía ejecutarse con absoluta precisión cualquier línea melódica.
Los instrumentos de la época se limitaban a unos pocos tipos de cuerda como la lira, el barbiton (semejante a la viola) y la cítara, así como instrumentos de viento hechos en madera y los diablos, semejantes al oboe pero de doble caña. Para la percusión se utilizaban trozos de madera o metal y campanillas.
Un instrumento antiguo y extraño fue el hidraulis, con forma de cañería funcionaba por presión de agua y ésta al comprimir el aire realizaba los sonidos.
La teoría y la estética de la música eran estudiadas por los filósofos.
Para Platón, por ejemplo, la música era una de las artes con mayor esencia psicológica. También Aristóteles y Pitágoras, este último a través de las matemáticas, se refirieron a la música.
Por ejemplo, la relación de quinta do – sol – re – la – etc., se llamó escala pitagórica, llamándose consonancias perfectas a la octava, la quinta y la cuarta. La tercera mayor en cambio, no se hallaba en el cosmos musical pitagórico.
En cuanto al canto, en general era realizado por un solo intérprete o, de ser coral, era al unísono. Cuando el canto coral era acompañado por danza, cosa que era lo más frecuente, se lo denominaba orquesta. Esto originó la tragedia, siendo el Ditirambo (himno dedicado a Dionisio) su inmediato antecesor.
Fue a partir del s. VI a.JC., que la tragedia se elevó en perfección como arte poético-musical, con las obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides, los tres trágicos más sobresalientes.
También las comedias, género opuesto a la tragedia, eran obras musicales con canto coral.
Los instrumentos principales que acompañaban estas obras, eran la lira, la cítara y las flautas.
Los coreutas, en general, no eran profesionales de la música, sino que pertenecían a familias de clase alta, las cuales accedían a estudios de música, canto y danza, los cuales eran considerados indispensables para la buena formación cultural y moral de la sociedad griega antigua.
