Periodo Bizantino
Como ya habíamos hecho referencia, el sistema musical y sus modos ya estaban definidos a partir del s. V a. C. El “sistema perfecto” consistía en una escala de quince notas, divididas en cuatro tetracordios y una nota suelta final y su sentido era descendente. En cuanto a los tonos había también quince posibles aunque en la práctica se solían usar no más de siete.
Los modos fundamentales eran el “dórico” el “frigio” y el “lidio”, pero el primero con su escala mi – re – do – si – la – sol – fa- mi, fue quizá el más usado.
Las escalas modales se dividían en tonos, semitonos y cuartos de tono. Por otra parte existían gran variedad de ritmos los cuales estaban en estrecha relación con la métrica poética.
Los diferentes ritmos no han variado sustancialmente desde la antigüedad hasta la actualidad y ya los iremos desarrollando más adelante. El florecimiento del Imperio Bizantino a partir del s. IV de nuestra era, imprimio huellas no sólo en la música, sino en muchos aspectos de la cultura griega.
El arte bizantino se destaco por la predominancia dada a lo religioso, con una vertiente de la cristiandad más elevada que la de Roma, a partir de la espiritualidad tomada por los pueblos del Oriente. Si bien la arquitectura fue la disciplina con mayor desarrollo en este período, se destaca también la música eclesiástica, la cual tomó como base las escalas orientales en su constitución. De hecho la música griega actual se considera una amalgama de la música griega antigua con sus modos ya descriptos y la música religiosa bizantina.
Los instrumentos típicos de este período fueron la guitarra, múltiples tipos de flautas, timbal, lira, címbalos, kera y kanonaki, entre otros.
Fue durante esta época que evolucionó el órgano de viento, el cual luego se extendió al resto de Europa.
Continuará…
